miércoles, 3 de septiembre de 2014

"La Astrología , una ciencia, el reloj karmático de nuestras almas".




La astrología es tan antigua como el tiempo medido; es un lenguaje de energía, y se podría definir como el sistema de psicología más antiguo que conocemos. 

C. G. Jung, uno de los fundadores de la 
psicología moderna, dijo: 

«La astrología incorpora la suma de todo el conocimiento psicológico de la antigüedad.» 


Aunque existen distintas escuelas astrológicas, todos los astrólogos están de acuerdo en que hay una conexión entre el cosmos y la Tierra, que existe una relación entre el momento del nacimiento de una persona y las posiciones del Sol, de la Luna y de los planetas en el 
firmamento. 

Un análisis astrológico es comparable a un análisis psicológico, pero con la ventaja de emplear un método que se ha comprobado durante miles de años y que, en esencia, no ha cambiado desde sus inicios. No es un método especulativo, como la psicología moderna, que cambia con el tiempo según los cambios en la sociedad humana, sino un lenguaje cósmico que se refiere a la esencia de la naturaleza humana y que siempre permanece igual a pesar de las alteraciones que puedan experimentan las civilizaciones y culturas de nuestro planeta. 


La carta astral es un mapa del cielo tal y como lo vería un recién nacido desde su cuna, excepto que también incluye la mitad invisible del cosmos que quedaría por debajo del horizonte. 

Simbólicamente, el círculo central del mapa representa la Tierra, donde nos encontramos 
nosotros. A nuestro alrededor, los doce signos del zodiaco forman una banda circular a lo largo de la eclíptica, ocupando cada uno un espacio fijo de 30 grados. Dentro de este espacio se mueven los planetas, pasando, a distintas velocidades, de un signo al siguiente en circuitos ininterrumpidos. 

La flecha hacia la izquierda representa el Ascendente que, simultáneamente, señala el signo que corresponde a la Casa 1. A partir de allí, el horóscopo se divide en doce segmentos, llamados casas, que corresponden a las diferentes esferas de la vida cotidiana. 

"La carta astral se puede también entender como un mapa de la situación kármica del alma"


La ley universal del karma dicta que cada acción tiene su reacción, y los planetas pueden considerarse como las manos de un complejo reloj cósmico que nos indica «la hora kármica»

Así pues, el horóscopo es una representación simbólica de la suma de nuestras actividades pasadas que forman la base de la existencia física y psíquica actual. Un análisis de la situación astral revela los puntos fuertes y débiles en la encarnación actual y nos puede ayudar a ver donde darán frutos fácilmente nuestros esfuerzos y en qué aspectos hay que cultivar tolerancia y paciencia para superar con éxito las dificultades, las tensiones y los obstáculos. No obstante, debemos siempre recordar que los planetas inclinan, no obligan. Es nuestra actitud, la que determina el resultado, porque: 

"Un barco va hacia el este, otro barco hacia el oeste, ambos empujados por los mismos vientos. 
Pero son las velas –y no los vientos – 
los que determinan la dirección del viaje".


Por lo tanto, nuestro carácter es nuestro destino, o sea que el conocimiento y la voluntad nos 
permiten gobernar los planetas gracias a ese carácter inherente. 
Un análisis astrológico puede tener diferentes aplicaciones. En primer lugar, es un método para profundizar el conocimiento sobre nuestro propio cuerpo sutil, nuestra psique. A veces nos sorprende cómo nos comportamos o la manera en que reaccionamos, o nos cuesta aceptar un rasgo de nuestro carácter que no parece estar de acuerdo con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Una consulta astro-psicológica puede iluminar esos fenómenos y aclarar aparentes contradicciones. 
Mediante el análisis de los tránsitos durante un periodo determinado, podemos apreciar las 
influencias planetarias que nos afectan positiva o negativamente y prepararnos para ello. 
Otra aplicación es averiguar el grado de compatibilidad con otra persona, especialmente cuando tenemos una relación íntima con ella, como puede ser el caso de un cónyuge o un hijo. A través de la astrología podemos apreciar cómo fluyen las energías entre nosotros: cuáles son las áreas donde existe un flujo armonioso y productivo, y en qué aspectos las energías interfieren, causando tensión y frustración.


El Sol - "El yo creativo". 


 El Sol es el centro de nuestro sistema solar, y todos los planetas se mueven en órbitas elípticas alrededor de esta estrella fija que parece pasar cada día delante de la Tierra de Este a Oeste. A una distancia de aproximadamente 150 millones de kilometros, el Sol parece a nuestros ojos como un pequeño disco brillante en el firmamento, pero en realidad es enorme, ya que tiene un diámetro de 1,39 milliones de kilómetros y así es casi 700 veces más grande que todos los planetas juntos. 

Naturalmente, el Sol fue el principal cuerpo celeste observado por el hombre y, por lo tanto, ocupa un lugar importantísimo en todas las mitologías. El dios griego Apolo era la personificación del Sol y fue adorado como la fuente de la fuerza vital, iluminación y curación. 

En la astrología el emplazamiento del Sol revela la cualidad básica de nuestra conciencia. Es el factor central de nuestra personalidad, del mismo modo como el Sol es el centro de nuestra 
galaxia. Por esa razón, nos identificamos tanto con el signo solar. Si nuestro Sol está en Piscis, nos consideramos Piscis. Si está en Aries, pensamos que somos Aries. No cabe duda que el Sol es muy importante para el análisis astrológico, pero no debemos olvidar que es un solo factor entre muchos. 




La Luna -  "Actitud emocional". 


 La Luna se mueve alrededor de la Tierra en una órbita elíptica a una distancia media de 380.000 
km. Tiene un diámetro de 1.738 km, un cuarto de la Tierra, y es, por lo tanto, sólo un diminuto 
grano de polvo en el universo. Las múltiples caras de la Luna, constantemente en cambio, han 
fascinado al hombre desde siempre, y su ciclo de transformación ha sido fuente de innumerables leyendas, mitos e historias. 

La Luna no tiene luz propia, sino que refleja los rayos del Sol. Mientras que el Sol simboliza el 
principio masculino, la Luna simboliza el principio femenino. El Sol "transmite" energía, y la 
Luna la absorbe y asimila para luego abastecerla. El ciclo lunar dura unos 28 días y medio 
coincidiendo con el ciclo femenino; también influye en la mareas, ya que el movimiento periódico y alternativo de ascenso y descenso de las aguas del mar se produce por la atracción del Sol y de la Luna. 

En la mitología griega, la diosas de la Luna tienen caras muy distintas. Algunas son caprichosas, oscuras y crueles, mientras que otras son serenas, nutrientes y afectuosas. Se llaman Artemisa, Hécate y Selene. Incluso a la virgen María se le pintó sobre una luna creciente. 

Las diferentes fases de la Luna son significativas para la interpretación astrológica. Las personas 
nacidas en el período de la Luna Nueva poseen una alta capacidad de concentración, ya que las 
energías se dirigen hacia el interior, pero también son particularmente subjetivas y emotivas. 

La Luna Llena indica justo lo contrario: es un tiempo de crecimiento y de extraversión; sus 
nativos destacan por su objetividad y conciencia clara.